El presidente de EE.UU., Donald Trump, confirmó que a partir del 4 de marzo se aplicarán nuevos aranceles del 25% sobre los productos importados desde México y Canadá, además de un incremento del 10% sobre las importaciones chinas, como parte de su estrategia para frenar el flujo de fentanilo proveniente de estos países. La medida ha desatado una serie de reacciones a nivel global, generando incertidumbre en los mercados y preocupación por sus efectos en el crecimiento económico.
México y Canadá han comenzado a tomar medidas para mitigar el impacto de estos aranceles, que se suman a la ya compleja situación económica generada por la guerra comercial con China. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, anunció que su país ha estado en conversaciones con la administración Trump y se prepara para una posible llamada telefónica con el presidente estadounidense para discutir las acciones que se tomarán. México también ha extraditado a figuras clave del narcotráfico, como parte de su esfuerzo por combatir el tráfico de drogas, especialmente el fentanilo, que sigue siendo una preocupación principal para EE.UU.
Por su parte, Canadá ha nombrado un "zar del fentanilo" para reforzar sus esfuerzos contra el tráfico de esta droga hacia los EE.UU., una medida que se implementó como parte de un acuerdo con Trump. A pesar de los esfuerzos, ambos países se enfrentan a las consecuencias económicas de los nuevos aranceles, lo que podría desencadenar represalias en sectores clave como la agricultura y la industria.
Los analistas económicos advierten que estos aranceles podrían frenar el crecimiento de la economía de EE.UU., incrementar la inflación y sumir en recesión a México y Canadá. En los mercados internacionales, la reacción no se hizo esperar, con una caída en las acciones en Hong Kong y otros mercados asiáticos, donde los inversores temen que la guerra comercial escalada afecte negativamente el comercio global.
Por otro lado, China, el principal socio comercial de EE.UU. y México, ha mantenido una postura más moderada, prometiendo tomar "todas las medidas necesarias" para defender sus derechos e intereses, pero aún no ha adoptado represalias directas. La falta de una respuesta contundente por parte de Pekín abre la puerta a una posible escalada en las tensiones comerciales, lo que podría empeorar aún más la situación económica global.
El gobierno de Trump está preparando nuevos aranceles, que se anunciarán el 2 de abril, en un intento por igualar las tarifas impuestas por otros países en los productos estadounidenses. Se espera que se incluyan tarifas del 25% sobre productos clave como automóviles, productos farmacéuticos y semiconductores, lo que podría generar una mayor fricción entre las potencias económicas.
Además, la administración de Trump busca implementar una estrategia más focalizada, en lugar de una tarifa generalizada, lo que permitiría aplicar aranceles sectoriales específicos sin generar un gran impacto negativo en los consumidores y mercados. Esta política se apoya en la Ley de Expansión Comercial de 1962, que autoriza la aplicación de tarifas con base en la seguridad nacional.
La incertidumbre sobre los posibles efectos de estos aranceles está afectando tanto a los mercados financieros como a los negocios, que temen que las medidas de Trump puedan desencadenar una guerra comercial a gran escala, con efectos adversos en el comercio global.