Ambas entidades, desde posturas opuestas, defienden sus intereses y visiones sobre el rol de las cooperativas en el mercado de granos y su impacto en la economía rural.
En una carta dirigida al Gobierno Nacional y al Congreso, la Federación de Acopiadores denunció que la exención impositiva genera "distorsiones inaceptables" en el mercado, perjudicando a las empresas no cooperativas. Según su presidente, Fernando Rivara, las cooperativas compiten directamente con empresas tradicionales en un mercado de márgenes ajustados y cuestionan que estas entidades queden exceptuadas del impuesto a las Ganancias. "No entendemos cómo una cooperativa que opera puertos, exporta o industrializa productos puede estar eximida, mientras sus competidores deben tributar", afirmó Rivara, añadiendo que esto vulnera el principio de igualdad consagrado en la Constitución Nacional.
Por su parte, la FAA salió al cruce de estas críticas, defendiendo el papel fundamental de las cooperativas en el desarrollo del interior del país. Según la entidad, las cooperativas agropecuarias no persiguen fines de lucro, sino que buscan prestar servicios, agregar valor en origen y sostener a los pequeños productores rurales. "Estas organizaciones actúan como un dique de contención frente a la concentración económica y garantizan el arraigo de las comunidades rurales", señaló la FAA en un comunicado.
Respecto a las acusaciones de privilegios fiscales, el presidente de Coninagro, Elbio Laucirica, explicó que las cooperativas no están exentas del impuesto en su totalidad. "Pagamos Ganancias en cabeza de nuestros asociados cada vez que distribuimos excedentes. Además, aportamos un tributo del 2% sobre el capital para el sostenimiento del sistema cooperativo, algo que no hacen otras entidades", argumentó.
El debate expone las tensiones . Mientras los acopiadores reclaman igualdad tributaria, las cooperativas reivindican su papel como pilares del desarrollo rural y motor económico del interior profundo.
Con ambas posiciones sobre la mesa, la discusión no solo pone en juego cuestiones fiscales, sino también el futuro del modelo agropecuario argentino, en un contexto donde el arraigo, la equidad y la sostenibilidad son desafíos cada vez más apremiantes.