La guerra comercial entre China y Estados Unidos sumó un nuevo capítulo que impacta de lleno en el agro: el gigante asiático anunció aranceles adicionales del 34% a todos los productos estadounidenses -entre ellos, la soja- a partir del 10 de abril.
La medida se suma a los gravámenes ya aplicados en marzo (entre el 10% y 15%), y subió las alarmas en el mercado de granos. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los futuros de soja en Chicago se desplomaron US$12,58 , con el contrato mayo 2025 cerrando en US$356,08 por tonelada (unos $313.000 al cambio MEP ), marcando su valor más bajo desde diciembre de 2024.
El contrato a cosecha se ajusta actualmente en USD 295/t (unos $260.000 ), un valor similar al de la campaña pasada -aunque con menores retenciones- y un 22% por debajo del promedio de cosecha entre 2020 y 2023. No obstante, se mantiene 23% por encima del promedio de los cinco años anteriores a la pandemia.
Para los productores argentinos, el nuevo escenario podría influir en decisiones de venta anticipada, ante la posibilidad de que el mercado siga presionado por esta escalada de tensiones comerciales.
El mercado teme una interrupción de las ventas norteamericanas a China, justo cuando los agricultores ya enfrentan precios bajos y una fuerte competencia desde Brasil. El Departamento de Agricultura de EE.UU. Confirmó que todavía hay 600.000 toneladas de soja vieja vendidas a China que no han sido embarcadas, y podrían ser canceladas.
Maíz: Leves subas en contratos cortos, sostenidos por la exclusión de México (principal comprador de maíz de EE.UU.) de los aranceles anunciados por Trump.
Trigo: Cayó cerca del 1,2% , afectado por la volatilidad global y el impacto indirecto de la medida china.
Desde el USDA, estiman que la superficie sembrada de trigo será la segunda más baja desde 1919, dato que había sostenido los precios en semanas previas.
La escalada de medidas proteccionistas sigue generando ruido en los mercados agrícolas globales. A mediano plazo, el mayor interrogante es si China avanzará en un giro estructural hacia abastecedores alternativos, como Brasil o incluso Argentina, que podrían ganar terreno en este nuevo tablero comercial.