En una campaña marcada por las adversidades climáticas más que por las plagas, el maíz 2024/25 logró sortear sin grandes sobresaltos el avance de la chicharrita (Dalbulus maidis), según el último informe de la Red Nacional de Monitoreo. No obstante, los expertos advierten que no es momento de bajar la guardia.
El 16° informe de la Red, que relevó 361 localidades maiceras entre el 14 y el 28 de marzo, confirmó un importante aumento de la población del insecto vector en todas las regiones, en línea con lo esperable para el cierre del verano. El crecimiento fue especialmente notable en zonas endémicas como el NOA y el NEA.
Pero esta vez, el insecto llegó tarde: cerca del 90% del maíz ya se encontraba en etapas reproductivas avanzadas o había sido cosechado, lo que lo deja fuera de la ventana crítica de vulnerabilidad ante el complejo del achaparramiento del maíz. Además, donde hubo detecciones tempranas, los productores actuaron a tiempo, evitando que la plaga se convierta en un problema real.
"Las pérdidas esta campaña fueron más por el clima -sequías e inundaciones- que por la chicharrita", explicó Alejandro Vera, investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) y coordinador de la Red.
Monitoreo permanente: la clave para campañas futuras
Aunque esta vez el daño fue mínimo, el llamado de atención sigue vigente: las poblaciones altas actuales pueden generar focos problemáticos a futuro. Vera insiste en la importancia de continuar los monitoreos, no solo mediante trampas sino también con observación directa en los cultivos, para mapear con precisión las fluctuaciones poblacionales y anticipar medidas preventivas.
El monitoreo constante no solo permite actuar con rapidez, sino también generar datos útiles para futuras decisiones agronómicas. Esto cobra especial relevancia frente a un insecto cuya dinámica poblacional puede cambiar rápidamente en función del clima y el manejo.