El nuevo capítulo en la guerra comercial entre China y Estados Unidos ha encendido todas las alarmas en el sector agroindustrial global. Este viernes, el gigante asiático anunció un nuevo arancel del 34% sobre productos agrícolas estadounidenses, que se suma al 20% que ya estaba en vigor desde marzo. Con esto, las exportaciones clave como la carne, el cerdo, el algodón, los lácteos, la fruta fresca y, especialmente, la soja, quedan en una posición extremadamente comprometida.
El impacto no se hizo esperar: los futuros de la soja en Chicago cayeron casi 40 centavos por bushel, y el contrato de mayo registró una de las peores caídas del año. La carne porcina enfrenta ahora un arancel total del 81% y la carne vacuna un 56%, lo que representa un duro golpe para uno de los sectores más dependientes del mercado chino.
Según la US Meat Export Federation (USMEF), los cortes de carne de cerdo de menor valor destinados a China representan unos USD 10 por animal. La pérdida de competitividad en ese mercado afecta no solo el volumen exportado, sino también los precios internos en mercados como Corea, Japón y Taiwán.
En soja, la situación no es mejor. China solía ser el principal destino para la oleaginosa estadounidense, pero en los últimos años su participación ha caído bruscamente. Brasil, en cambio, ha consolidado su liderazgo como proveedor del gigante asiático, abasteciendo casi tres veces más que EE.UU. durante el ciclo 2022/23.
Según Terrain, los compromisos chinos con EE.UU. tras el acuerdo comercial de Fase Uno en 2020/21 nunca se cumplieron completamente, y hoy Beijing está alineado con Brasil en materia de abastecimiento.
¿Y qué pasa con Argentina?
Expertos coinciden en que este contexto abre una posibilidad para que la soja argentina encuentre más espacio en el mercado chino. Sin embargo, se espera que el mayor beneficiario vuelva a ser Brasil, por volumen y por calidad (más proteína).
Además, si bien Argentina exporta soja a China, lo hace principalmente como grano, y en volúmenes limitados (alrededor de 5 millones de toneladas por año). Aun así, una guerra comercial prolongada podría derivar en nuevas oportunidades para la agroindustria local.
Un conflicto de consecuencias globales
Economistas consultados coinciden en que esta segunda guerra comercial tendría un impacto más fuerte que la vivida entre 2018 y 2020, especialmente porque ahora ya no hay amortiguadores como la peste porcina africana que reduzca la demanda china en aquel momento.
Para los economistas del sector agrícola, los verdaderos ganadores de este nuevo conflicto serán los competidores directos de Estados Unidos, encabezados por Brasil. El 73% de los analistas consultados así lo creen, mientras que un 18% le asigna la ventaja a China.
¿Y en Estados Unidos?
El gobierno de Donald Trump sostiene que estas medidas buscan restablecer el equilibrio comercial y fortalecer la seguridad económica del país. Pero los productores agropecuarios sienten la presión: el saldo comercial con China se reduce, los precios caen y las exportaciones están en riesgo.
El futuro inmediato dependerá de si se logra reencauzar el diálogo entre las dos potencias. Mientras tanto, en el tablero geopolítico, China refuerza su alianza con Rusia y otros países del BRICS para hacer frente común ante las sanciones estadounidenses.
La nueva represalia arancelaria de China pone en jaque al agro norteamericano y redefine el juego comercial global. Para Argentina, el panorama presenta una oportunidad, aunque limitada, que deberá ser cuidadosamente explorada.